En principio, el balance de género no era uno de los objetivos establecidos, sin embargo, con el involucramiento de las familias en los procesos formativos de los niños, niñas y jóvenes visibilizaron este fenómeno con mucha fuerza.
En un inicio, niñas y adolescentes se inscribieron a los entrenamientos de fútbol, pero posteriormente dejaron de asistir debido a que en la comunidad se entendía el futbol como una actividad exclusiva para hombres.

Por ello, se definió el nuevo objetivo de reforzar culturalmente la equidad de género en el fútbol y establecer espacios y horarios para contar con un equipo femenil. Esto influyó de manera positiva y permitió el fortalecimiento de un vínculo en común y un punto de reunión necesario para ellas en una comunidad tan dispersa.
Actualmente, se ha normalizado la práctica del deporte del fútbol femenil y hay una creciente participación del 40% de niñas y madres de familia que acuden de manera activa y constante, empoderando el propio rol que tienen como mujeres y madres de la comunidad. Incluso ya que cuenta con una entrenadora mujer que asimismo fue jugadora de futbol, evidenciado el nuevo rol de las mujeres en el futbol y en la comunidad.